Me he resignado a que debo acostumbrarme a llorar. Ya hacía mucho tiempo que no lo hacía. Me hiciste sensible cuando me había acostumbrado a parecer que no tenía sentimientos. Me he habituado a hablar de ti todo el tiempo. Mis amigas dicen que te olvide, que no vales la pena, cuando en realidad, sé que en el fondo que al final de toda oscuridad siempre hay una luz. ¿Sabes qué? Tú eres esa luz, que se apaga a ratos, las veces que sufro por ti.
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